miércoles, 18 de agosto de 2010

Una bulería como estímulo…

Abriéndose las cortinas del día, suena de nuevo el despertador, al son de Andalucía. Una bulería que en mi pensamiento se ha grabado y no me la saco de la cabeza, todo el día me acompaña e inconscientemente en el orfanato, redoblando los dedos contra el pupitre, al ritmo, ¡¡ la sintonía!!…volvía la bulería, salía sin querer.
Cuando miré alrededor, me inundaban brillantes miradas, al descubrir un nuevo ritmo, que no es africano, pero si utrerano.

Me deslizaba por la ladera del interés, sin querer estaba enseñando a los niños y niñas otra manera de hacer música, redoblando los dedos, en las que las uñas chocaban al compás de bulería.

“Sumergido en un charco, lleno de diversión en el que no daba explicaciones, ellos copiaban ese ritmo y ahora ellos lo remedan y me piden todos los días que les enseñe este tipo de materia, que es mejor dejar por un momento las matemáticas e integrarnos con la interculturalidad.

Estoy metido en un sueño del que no quiero despertar, cuando estoy con ellos y tan concentrados están, se apodera de mí una gran sensación que no sé cómo explicar.

Esta anécdota, la he querido contar, porque me ha demostrado, las gotas que tiene la dosis de la FELICIDAD.”

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